Útero como brújula para nuestra forma de maternar

 

"El parto orgásmico y la recuperación de la maternidad implican recuperar una sexualidad femenina perdida. Aunque ahora las mujeres nos creamos con más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal, pero más represión y más violencia interiorizada (...) Dicha recuperación supondría un cambio de paradigma de sexualidad femenina, recuperar la noción y el conocimiento antiguo que antes se tenía de la misma".

Pariremos con placer - Casilda Rodrigañez Bustos

Si pensamos que nuestro útero es más que un órgano cuyas funciones son meramente biológicas y la concebimos en su totalidad, todo lo que vivimos desde que gestamos una vida adquiere un sentido mayor.

Ximena Nohemí, desde la creación de la cosmovisión de las memorias uterinas, nos habla de que éstas son los registros de información que, como mujeres-madres, traspasamos de generación en generación desde el inicio de la humanidad. De esta manera, estamos íntimamente unidas en una cadena de úteros que guarda toda la historia de nuestro linaje y de los contextos en que vivieron, siendo activada con mucha fuerza en el momento en que una nueva vida comienza a surgir en nuestro vientre.

Entonces, nuestra matriz es capaz de contener todas estas memorias culturales, ancestrales y biográficas, transformándose así en una parte altamente mágica, sabia y poderosa de nosotras que, al momento de embarazarnos y abrir un nuevo espacio para albergar una vida, está -al mismo tiempo- movilizando muchas de nuestras memorias que se nos aparecen de una manera muy clara. 

Siento que, esta aparición tiene una finalidad clave: ver, aceptar, soltar y liberar las memorias que necesitamos para maternar de la manera más auténtica que precisa nuestra alma. Si bien es cierto, todo este movimiento se puede dar en cualquier momento de nuestras vidas, cuando nos convertimos en mujeres-madres, somos el canal de la vida y la muerte que genera un cambio tan profundo y radical que es imposible continuar con la vida como la conocíamos, siendo un proceso que ocurre queramos o no. 

Sin embargo, hacerlo de manera consciente, nos otorga la inmensa posibilidad de liberarnos de patrones y cargas que nos limitan y que nos dificultan para tomar la vida.  Además, tras convertirnos en madres, también comenzamos a experimentar un sinfín de mandatos sociales y culturales que nos tensionan y conflictúan, alejándonos de lo que realmente sentimos y queremos. 

De esta forma, abrazar todas estas memorias que se nos van apareciendo (ya sea en sueños, visiones, terapias, certezas que afloran o historias que nos cuentan de nuestras ancestras, entre otras) es clave para dirigir nuestra propia forma de maternar, para sentirnos seguras y tranquilas con que cada paso que estamos dando, está siendo escogido en coherencia y amor a nuestro propio camino. 

Luego de vivir todo esto que aquí escribo, debo decir que este viaje no es nada fácil. Muchas veces nos preparamos para parir como si todo acabara allí, pero luego en el puerperio, todas estas memorias movilizadas van tomando su propia forma, des-estructurando nuestras vidas por completo.  

Por esto, me permito aquí, conectar fuertemente con la necesidad de vivir el duelo. Todo lo que éramos y teníamos antes tuvo una función y, para poder abrir paso a la nueva mujer que emerge, agradecer y sentir el vacío que nos deja es de suma importancia, dado que todo lo que estamos viviendo es de gran intensidad.

Es por esto que es muy importante vivir este camino con mucho cuidado y delicadeza hacia nosotras mismas, poniendo el énfasis en nuestro bienestar y escogiendo siempre lo que nos hace sentir mejor, ya que no solo estamos formando física y energéticamente a una nueva persona, sino también estamos re-descubriendo nuestra propia historia, lo que puede ser triste, doloroso, intenso e incluso, agotador.

Para ti que has llegado hasta aquí, te envío profundo amor y deseo lo mejor en todo este camino que estás recorriendo.


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