Maternidad y ambivalencia

 

“Mis hijos me causan el sufrimiento más exquisito que haya experimentado alguna vez. Se trata del sufrimiento de la ambivalencia: la alternativa mortal entre el resentimiento amargo y los nervios de punta, y entre la gratificación plena de la felicidad y la ternura”.

Adrienne Rich – Extracto de “Nacemos de mujer: la maternidad como experiencia e institución”.

Ambivalencia: qué complejo es aceptarla. Es raro admitir que queremos estar todo el tiempo con nuestros hijos, pero también añoramos nuestra soledad. Y, más raro aún, es cuando -por ejemplo- logramos salir, pero continuamos pensando si estarán bien, si dejamos todo listo o si necesitará algo extra... amor, miedo, energía, cansancio, alegría, frustración... todo en el mismo pack.

Por otra parte, vivimos acostumbradas a lo infalible. Nos enseñan cómo mantener el control, cómo categorizar y definir los todo o los nada, los blanco o negro. Nos enseñan un modelo de vida lineal que sugiere siempre avanzar a lo que consideramos exitoso, alegre, liviano… pero, la maternidad no está ahí. 
Maternar, es un sinfín de estados intermedios, de silencios, de paréntesis, de inmiscuirse en un mundo donde lo conocido no calza, donde las recetas no funciona. Es tan diferente, que reconocerla a veces cuesta.

Cuesta, porque es como si -socialmente- estuviéramos obligadas a tener algo nuevo que contar. Algo nuevo que “decir que hicimos”, pero -sobre todo al comienzo- la maternidad es una larga rutina que posee como único fin la sobrevivencia de un nuevo ser en el mundo. Tan importante, pero suena tan poco seductor ¿verdad?

Así, en medio de todo este enjambre de presiones y deseos es completamente esperable sentir emociones que nos tensionan y que ponen de manifiesto muchas de nuestras luchas internas. Y la verdad es que está bien, somos humanas criando humanxs en una sociedad cada día menos acogedora. No somos máquinas que producen seres en masa sin margen de error.

Vivir y aceptar lo que incomoda es parte de un largo aprendizaje y es lo que, al mismo tiempo, nos entrega sabiduría para maternar. Mirar lo que nos sucede, sin juicio, solo dando lugar al sentir y pensar en coherencia con lo que a nosotras nos hace sentido, nos dará mucha más lucidez y soberanía de lo que pensamos.

¿La maternidad es sinónimo de ambivalencia? Sí. Sin embargo, es también una forma constante de habitarnos auténticamente, con nuestras luces y sombras, sea lo que sea que este pasando y del modo que se nos vayamos mostrando, porque de lo contrario, nos fragmentamos y nos escondemos detrás de máscaras imposible de sostener.
 


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